Opinión

Voces y ecos

Por: Rafael Peralta Romero

Inmensidad de películas y obras literarias tratan las relaciones amorosas paralelamente con las luchas del protagonista, que generalmente encarna el bien y la justicia. Como producto de sus triunfos suele alcanzar también el amor de una mujer hermosa que lo admira por su hombría de bien. El malvado no tiene derecho al amor.

Una canción italiana lo proclama: “Chi non lavora non fa l’amore” (Adriano Celentano). En español: Quien no trabaja no hace el amor.

Pero el mundo da vueltas y he aquí que aparece una historia en la que el protagonista es un villano. Se trata de Porfirio Rubirosa, quien como agente de la dictadura de los Trujillo ejerció acciones criminales.
Compartió su rol de servidor de la tiranía con el de seductor de mujeres. Como un seductor lo presentan sus defensores. Ese adjetivo deriva del verbo seducir que significa “Persuadir a alguien con argucias o halagos para algo, frecuentemente malo”. La argucia consiste en un argumento falso presentado con agudeza.

Ayer se estrenó la primera de tres películas realizada por unos colombianos sobre la vida del famoso prostituto. Como no la he visto no sé si en esta se incluyen las acciones de Rubirosa para el asesinato del señor Sergio Bencosme, perpetrado en Nueva York el 28 de abril de 1935, por sicarios al servicio de Trujillo.

Quiero saber si el filme incluye las diligentes actuaciones de Rubirosa para capturar al intelectual español Jesús de Galíndez, en 1956, quien presentó una tesis en la Universidad de Columbia en la que describe los horrores de la dictadura que azotaba a República Dominicana desde 1930. Galíndez fue secuestrado en Nueva York y asesinado aquí.

Rubirosa formó parte de esos “diplomáticos” que se dedicaban a observar a los dominicanos exiliados por no soportar el régimen despótico predominante en su país, no sólo para informar a Trujillo, sino para tenerlos ubicados. Por ese tipo de diligencias fue desaparecido el dirigente gremial Mauricio Báez, en La Habana, 1950.

¿Qué otro servicio podía prestar un individuo cuyo lema fue: “No me sobra tiempo para trabajar”? Amigos de ese súper “héroe” a quien le dedican tres películas, han dicho que a este le gustaba todo, menos trabajar. Pese a su persistente holgazanería gastaba dinero con holgura, y no todo procedía de sus seducciones a mujeres adineradas.

Los fondos públicos eran su principal soporte. Y todavía sigue beneficiándose de ellos, puesto que el Estado dominicano ha aportado dinero basado en la Ley de Cine, 108-10, para exaltar a este timador
desvergonzado. La sociedad dominicana no necesita modelos como el que encarnara Porfirio Rubirosa. Requerimos héroes, no villanos.

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