Opinión

Qué Se Dice: El cuento de la Cámara

Por: Claudio Acosta

El cuento de la Cámara de Cuentas es largo y tortuoso, y por eso es difícil determinar cuándo, en qué momento, dejó de ser el órgano superior externo de control y fiscalización de los recursos públicos para convertirse, de la mano de la politiquería que todo lo degrada y envilece, en un instrumento al servicio de la corrupción y la impunidad.

Mas o menos como la describió, en su discurso de la pasada semana, el presidente Luis Abinader. “La Cámara de Cuentas, responsable de auditar, nunca ha auditado a fondo ni en serio a ninguna entidad pública. Le hemos solicitado que lo haga ahora, pero en ningún caso ha acudido. Esta Cámara de Cuentas responde al PLD.

Esta Cámara de Cuentas es parte de su blindaje y sus miembros ya deberían haber renunciado”.

Pero la más patente y lastimosa demostración de la inoperancia de ese órgano de control y fiscalización la dio su presidente, el doctor Hugo Álvarez Pérez, cuando declaró a la Comisión de Ética del Senado, donde presentó un proyecto de modificación de la ley de la Cámara de Cuentas que busca dotarla de las herramientas que le permitan judicializar los casos donde encuentre anomalías o irregularidades, que hace años viene notificando al Ministerio Público las trabas confrontadas para auditar los recursos públicos que recibe el PLD, el único partido que no se ha dejado fiscalizar.

¿Por qué no denunció esas trabas, así como la inacción del Ministerio Público, a los medios de comunicación? ¿Por qué no presentó ese proyecto de ley entonces en lugar de ahora, cuando sale de la institución con la sábana por un canto y por la puerta trasera?

¿Por qué no renunció, si no le permitían hacer su trabajo como manda la ley? Alguien podrá decir que, como mas vale tarde que nunca, la anunciada renuncia de Álvarez Pérez le pone punto final a este cuento, pero solo si sus compañeros, contagiados de su arranque de dignidad y vergüenza, tienen la decencia de imitarlo.

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