Ciencia y Tecnología

Los murciélagos utilizan las hojas como espejos para encontrar presas en la oscuridad

En las noches sin luna en un bosque tropical, los murciélagos se abren paso a través de la oscuridad, arrebatando insectos que descansan en silencio sobre las hojas, una hazaña aparentemente imposible.

Ahora, nuevos experimentos en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) muestran que, al cambiar su ángulo de acercamiento, los murciélagos de nariz de hoja ecolocalizadores pueden usar este sexto sentido para encontrar presas camufladas acústicamente.

Estos nuevos hallazgos, publicados en ‘Current Biology’, tienen implicaciones interesantes para la evolución de las interacciones depredador-presa.

“Durante muchos años se pensó que era una imposibilidad sensorial para los murciélagos encontrar presas silenciosas e inmóviles descansando sobre las hojas solo por ecolocalización”, afirma Inga Geipel, becaria postdoctoral de Tupper en STRI.

El equipo de Geipel descubrió cómo los murciélagos logran lo imposible.

Al combinar evidencia de experimentos usando un dispositivo biosonar para crear y medir señales artificiales, con evidencia de observaciones de vídeo de alta velocidad de murciélagos cuando se acercan a la presa, se revela la importancia del ángulo de acercamiento.

Los murciélagos tienen una superpotencia que los humanos no comparten: inundan un área con ondas de sonido y luego usan la información de los ecos que regresan para navegar por el entorno.

Las hojas reflejan señales de ecolocación fuertemente, enmascarando los ecos más débiles de los insectos en reposo.

Entonces, en el espeso follaje de un bosque tropical, los ecos de las hojas pueden actuar como un mecanismo de ocultación natural para los insectos, conocido como camuflaje acústico.

Para comprender cómo los murciélagos superan el camuflaje acústico y capturan a sus presas, los investigadores apuntaron ondas sonoras a una hoja con y sin un insecto desde más de 500 posiciones para crear una representación tridimensional completa de los ecos.

En cada posición, calcularon la intensidad de los ecos para cinco frecuencias diferentes de sonido que representan las frecuencias de la llamada de un murciélago.

Las hojas con y sin insectos reflejan fuertemente el sonido si viene de frente (es decir, desde ángulos menores de 30 grados). Cuando un murciélago se acerca desde estos ángulos, no puede encontrar su presa, ya que los fuertes ecos de las hojas enmascaran los ecos del insecto.

Pero Geipel y sus colegas descubrieron que si el sonido se origina desde ángulos oblicuos de más de 30 grados, el sonido se refleja lejos de la fuente y las hojas actúan como un espejo, al igual que un lago refleja el bosque circundante al atardecer o al amanecer.

El ángulo de aproximación hace que un insecto en reposo sea detectable.

Con base en estos experimentos, Geipel y sus colegas predijeron que los murciélagos deberían acercarse a los insectos en reposo en las hojas desde ángulos entre 42 y 78 grados, los ángulos óptimos para discernir si una hoja tiene un insecto o no.

Luego, Geipel registró murciélagos reales en la estación de investigación de STRI en la Isla Barro Colorado en Panamá mientras se acercaban a los insectos colocados en hojas artificiales.

Utilizando grabaciones de dos cámaras de alta velocidad, reconstruyó las rutas de vuelo tridimensionales de los murciélagos a medida que se acercaban a su presa y determinaron sus posiciones.

Ella descubrió que, como se predijo, casi el 80 por ciento de los ángulos de aproximación estaban dentro del rango de ángulos que hace posible que los murciélagos distingan insectos de hojas.

“Este estudio cambia nuestra comprensión de los usos potenciales de la ecolocalización –dice Geipel–. Tiene implicaciones importantes para el estudio de las interacciones depredador-presa y para los campos de la ecología sensorial y la evolución”.

Fuente: Europa Press

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