Opinión

Los doce trastornos mentales de los jóvenes

Por: José Miguel Gómez

Nadie sabe a ciencia cierta cuál es su vulnerabilidad biológica frente a los trastornos de la mente. Se habla de los indicadores genéticos, de los factores de riesgo predisponentes, del género más afectado, y de los problemas comorbidos que favorecen la aparición más temprana en algunos jóvenes a los trastornos psiquiátricos. Pero es inevitable que las afecciones y riesgos en la salud mental han bajado en sus edades de aparición, y que dificultan la funcionabilidad y la adaptación psicosocial.

Y, en el peor de los casos, algunos trastornos se hacen crónico, o por lo menos marcan un antes o un después en la vida de una persona.

La depresión sigue siendo el trastorno del estado de ánimo de mayor consulta y que tiene la carga más alta de discapacidad y de infelicidad; síntomas como: tristeza, pérdida del ánimo, falta de energía, apatía y desinterés por las cosas, irritabilidad, problema del sueño o ideas de desesperanza y baja autoestima, con una duración de más de dos semanas, estamos ante un episodio depresivo. Sin embargo, cuando esos cambios del ánimo son fluctuantes, cambian de forma rápida o en fases: euforia, mucha energía, ganas de hacerlo todo junto, desinhibiciones, pensamiento rápido y aumento de la motricidad, entonces, se piensa en un trastorno bipolar.

Estos dos, depresión y bipolaridad, son los que más guardan relación con ideas o intentos de suicidio en el mundo.

Sin embargo, los trastornos de ansiedad, ataques de pánico y ansiedad social, afectan a millones de jóvenes que no saben identificar, y que a veces, los buscan calmar o sobreponerse a través del consumo de alcohol, marihuana, nicotina y anfetaminas; convirtiéndose todo esto, en un riesgo químico para su cerebro, debido a que predispone a una aparición de un trastorno psiquiátrico de forma precoz y con peor pronóstico.

Para nadie es un secreto que el consumo de alcohol, nicotina y drogas ilegales han aumentado en los jóvenes, generando conflictos familiares, de parejas, abandono de proyecto de vida, vagancia y de ambulación sin propósito. Todos estos indicadores del tráfico, consumo y mercado ilícito de drogas, aumentan los riesgos, consecuencias y el impacto para ser víctimas y victimarios en edades tempranas.

Pero, otros indicadores psicosociales y de salud mental lo constituyen el matrimonio infantil y el embarazo precoz en adolescentes y jóvenes por debajo de 20 años. Su impacto psicoemocional y social: mantienen la pobreza, la marginalidad, el desempleo, la falta de habilidades y destrezas sociales para responder a la iniquidad social. Estos indicadores unidos al desempleo y a la falta de empleo de calidad entre los jóvenes, también representan problemas psicosociales y ejercen una presión social para poder subsistir al desarrollo sostenible.

Los jóvenes entre 18 a 25 años que viven del trabajo informal, y que asumen familia o viven en condiciones de desigualdades, corren mayor riesgo del mercado ilícito, del microtráfico, la prostitución, la delincuencia, el bandolerismo y el pandillismo y deambulación sin propósito. Otros de los indicadores que está estrechamente ligado a la pobreza, la marginalidad y el embarazo, es la deserción escolar y universitaria, que estimula a la ausencia de proyecto de vida, o de vida sin propósito, en desesperanza y en desmoralización con desesperanza.
Si todas estas problemáticas se juntan a la crisis de identidad generalizada, el bajo nivel cognitivo, a la pobre inteligencia emocional y social de los jóvenes en condiciones de vulnerabilidad, entonces, es de esperar que en esa población los trastornos mentales se tripliquen.

Ante tantas dificultades les corresponde a los jóvenes aprender a detectar sus riesgos y vulnerabilidades, aumentar sus factores protectores, su resiliencia social y su fortaleza emocional para proteger su salud mental.

Las escuelas, las iglesias, los espacios deportivos y culturales; junto a las universidades, centros tecnológicos, familias y centros comunitarios, deben implementar programas de salud mental. Además, el estado debe invertir en servicios de calidad y servicios de acceso fácil comunitarios, en el nivel de atención primaria, para que los jóvenes reciban diagnóstico a tiempo, tratamiento temprano, para prevenir el suicidio y los problemas psicoemocionales que afectan y comprometen la salud y el desarrollo de los jóvenes.

Estos temas se deben hablar, conocerlos y sensibilizarlos, para que los jóvenes conozcan donde están sus riesgos, a que se enfrentan en la vida, tanto en el presente como en el futuro.

Mostrar más

Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *