Opinión

Libre pensar

Por: Oscar López

Observador de tendencias y oportunidades. Resuelto y emprendedor. Economista en la teoría y la práctica. Gerente de alta disciplina. Patriota en el fuego del cañón. Ministro de Economía del gobierno en armas de Francisco Alberto Caamaño Deñó, un propulsor del Movimiento Renovador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), fundador de la Universidad Dominicana O&M, senador, conferencista, articulista, escritor y acreditado consejero.

El trajinar existencial de José Rafael Abinader, henchida de proezas, es digno de ser emulado por los jóvenes. Desde Gurabito todos los días caminaba seis kilómetros (tres de ida y tres de regreso) para asistir a la Escuela República de Colombia, instalada en la Iglesia Mayor, hoy Catedral.

Después de recibirse de bachiller (1949), llegó a estudiar a la capital, con 60 pesos en los bolsillos, pero la inscripción en la Universidad de Santo Domingo era de 100 pesos, y su rector Rafael F. Bonnelly se la redujo a 50 pesos. Laborando en la Dirección de Presupuesto, en 1956, se graduó de doctor en derecho.

Por su capacidad y honestidad fue reconocido por cuatro jefes de Estado del siglo XX: en 1963 fue designado por Bosch director de Crédito Público, en 1965 por Francis Caamaño como Secretario de Finanzas, en 1978 por Antonio Guzmán como Contralor General de la República y en 1982 por Jorge Blanco como secretario de Finanzas.

Sus aportes académicos fueron inconmensurables: figura clave del Movimiento Renovador, en 1968; vicerrector administrativo y rector interino de la UASD, fundador de la Universidad Dominicana O&M, que ha titulado a más de 60 mil profesionales de escaso recursos y donde estudian más de 80 mil personas.
Abinader conjugó con éxito sus ideas de justicia social y una sana y dura administración del Estado con las actividades empresariales, su talento de autor de ocho libros y la fantasía de un artista inspirado en palabras bellas y armoniosas.

En su ciclo más adulto, auspició una tertulia semanal con viejos amigos, intelectuales, poetas, artistas, periodistas, académicos y otros relacionados. Y se regocijó con sublimes canciones y elegías de Freddy Gatón Arce, Pablo Neruda, Tony Raful, Juan de Dios Pesa, José Angel Buesa, José María Permán y Manuel Machado. También nos despertó con su una musa, en “Poemas soñados”, que se mantuvo reposada y mansa en las aulas, las finanzas, la política y otros contornos.

El más meritorio homenaje a este dominicano que dejó huellas imperecederas es leer y declamar las 12 líricas que más le apasionaron en “Poemas soñados”: A mi pueblo, A las estudiantes universitarias, Mulata de mi barrio, A ella, Ausencia, A otro mundo, En el sublime amor, Liberada, Al creador, Extraña, Canto al Líbano y a los libaneses.

Etiquetas
Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver también

Close