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¿Le pones apodos a tu pareja? La ciencia tiene algo que decirte

¿Alguna vez te has preguntado por qué nos gusta llamar con nombres de animales a nuestra pareja? ¿Será que el amor tiene algún especie de antídoto que nos convierte en persona cursis y acarameladas? Tememos decirte que no se trata de magia, pociones o “amarres”, sino de ciencia pura.

Todos (o casi todos) hemos estado en una relación en la que nos llaman “osito”, “changuito”, “pandita” o cualquier otra palabra en diminutivo que se te venga a la mente. Esto, más allá de ser un acto de amor y cariño, tiene una explicación científica que estamos seguros no te imaginas.

Una investigación realizada por Scientific Americananalizó qué tan común era encontrarse con este tipo de apodos en la literatura clásica, se dieron cuenta de los pocos hallazgos que había al respecto, aún en la actualidad.

Luego de realizar una breve encuesta en la que descubrieron que una gran mayoría de las parejas se hablan bajo el nombre de un animal, decidieron trasladar sus hallazgos a algo más representativo e internacional que les permitiera ver si esto también pasaba en el resto del mundo.

El lenguaje del amor es mundial

Según el sitio web del popular software de aprendizaje de idiomas Rosetta Stone, el amor y los apodos de animalitos son una cuestión mundial: las parejas de franceses suelen decir Mon Petit Chou (mi pequeño repollo), los rusos dicen Vishenka (cereza), mientras que en España y México dicen «Media Naranja», que se refiere a que la otra persona es tu complemento (awww).

Por otro lado, y con la intención de seguir investigando en las mieles del amor, gracias a una encuesta; la BBCdescubrió que en lugares como Tailandia y Arabia las parejas suelen llamarse con términos como Chang Noi (elefante pequeño) y Ghazal (gacela), respectivamente.

Beneficios

El peso que tienen estos apodos no solo radica en que tan ingeniosos o tiernos pueden llegar a ser, sino que de acuerdo al artículo científico titulado «‘Sweet Pea’ y ‘Pussy Cat’: un estudio del uso del idioma y la satisfacción conyugal sobre el ciclo vital”, descubrió que van mucho más lejos de lo que cualquiera esperaría.

El artículo, escrito por Carol J. Bruess en 1993, explica que estos apodos son la base de una mini-cultura que se crea entre una pareja y que es reforzada por rituales como gestos, acciones o lenguaje privado que no alcanza a ser percibido por las demás personas. La autora dice lo siguiente al respecto:

“Creo que es un comportamiento muy humano y natural tomar el lenguaje y darle forma para nuestros propios propósitos. Así es como evolucionan los apodos; como símbolos que eventualmente se convertirán en lo que nosotros queremos”.

La investigación, en la que también participó la profesora Judy C. Pearson, arrojó un concepto que es clave para entender este fenómeno: comunicación idiosincrásica, que se refiere a los apodos o palabras “secretas” que usan las parejas para comunicarse entre sí.

Bruess y Pearson encontraron que esta comunicación guardaba una gran relación con la satisfacción conyugal y las parejas que se encontraban en sus primeros cinco años de matrimonio. Es decir, las personas que estaban recién casadas y que solían presentar este tipo de conexión lingüística eran más felices y al parecer, estaban más enamoradas.

También descubrieron que con el paso de los años y el desgaste de la relación, estas palabras terminan por quedar en el olvido y dejan de reconocerse como símbolos que en algún momento tuvieron mucho valor sentimental.

¿Es normal?

Con el fin de averiguar si estos apodos realmente tienen un peso importante a lo largo y ancho del mundo, el profesor de sociología en la Universidad de Washington en Seattle, Pepper Schwartz, se dio a la tarea de recoger los datos de casi 100.000 participantes para descubrir si tener un apodo los hacía sentir felices o importantes.

El autor encontró, entre mucho otros hallazgos, que al menos dos tercios de los encuestados en EE.UU. dijeron que usaban nombres de mascotas con sus parejas, y que de las personas que afirmaron estar en relaciones sanas y felices, el 76 por ciento confirmó utilizar apodos de animales.

En su estudio, Schwartz concluyó que estos apodos sí son importantes para demostrar la admiración y el afecto que puede sentir una persona hacia otro, y que el simple hecho de pronunciar una de estas palabras puede crear un cambio significativo en una relación.

Por otro lado, el experto en salud sexual, Ian Kerner, afirma que utilizar estos gestos de cariño son muy benéficos para la relación, sin embargo es muy importante asegurarse de que ambas partes están de acuerdo en querer usarlos.

“Apodos como bebé, cariño, corazón o amor, connotan una intimidad especial y ayudan a que la otra persona se reconozca como querida e importante”, afirma el especialista.

No son para todos

De acuerdo con el libro¡Deja de llamarle cariño y empieza a tener sexo! el uso excesivo de este tipo de apodos pueden llevar a que la pareja se sienta más como un amigo que como un compañero sentimental.

Escrito por Maggie Arana y Julienne Davis, el texto se basa en la experiencia personal de las autoras y en historias anecdóticas de un gran número de parejas. En él, Arana y Davis afirman que si bien usar apodos románticos no mata la vida sexual, sí la daña significativamente.

Ambas concluyen que si ambas partes de la relación están de acuerdo en utilizarlos, está bien, pero que esto nunca debe ser excesivo o demasiado empalagoso ya que puede resultar molesto y vergonzoso.

Recuerda que un requisito para tener una relación saludable y honesta es que siempre exista comunicación.

Dejando a un lado que estos apodos a veces pueden ser un poco cursis y exagerados, la verdad es que son un excelente recurso cuando se trata de reforzar los lazos de amor, cariño y confianza.

Recuerda que estos palabras les pertenecen y que son parte importante dentro de todo el universo que has creado con tu pareja (quizá, esta es la verdadera razón por la que son tan importantes). No dejes que pierdan ese valor.

Fuente: Vix

Por: Carolina Lomas

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