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Las Águilas llegan al tramo final con el agua al cuello. ¿Sabrán nadar?

Son días de caras largas para los aguiluchos, de enorme intriga que no tranquilizan los dos partidos de ventaja en la zona de clasificación, a falta de cinco fechas.

Para empeorar las cosas, el Licey está a pulgadas de lograr el primer objetivo y no es recomendable entrar a las redes sociales a desahogarse porque allí el peligro de cuerda es mayor.

Es una llama que se puede mitigar con dos victorias el fin de semana, pero como han ido las cosas desde ese fin de semana de Black Friday el sentimiento que domina es el de Santo Tomás: Ver para creer.

El domingo primero de diciembre, con el efecto Félix Fermín todavía recibiendo aplausos y likes, las cuyayas marchaban igualadas en segundo lugar con el Escogido (20-18), más cerca de los punteros Toros (2) que de la zona movediza de los Gigantes (3). Sin embargo, al paciente le ha caído una pulmonía tal en el último mes del año como para romper los botones del pánico llamando al doctor.

La novena amarilla se ha desplomado, juega para 1-6 en diciembre, acumula seis derrotas al hilo, incluyendo dos palizas en su casa ante capitaleños, una de esas con efectos que tardan semanas jugando bien para subsanar (15-3 ante los Tigres).

En la racha, el conjunto ha sido sobreanotado 38-10, incluyendo 30-6 en el una vez llamado Valle de la Muerte para las visitas. Es el resultado que encabeza el diagnóstico, pero hay que leerlo completo para entender la gravedad del paciente. El elenco es último este mes en la clásica línea ofensiva de promedios de bateo, embasarse y extrabases con el pobre .217/.280/.273 y el bateo situacional también ha sido un desastre con .111 con hombres en posición de anotar (9-1), de acuerdo con beisboldata.com.

Si queda alguna duda de que las complicaciones del enfermo son generales el pitcheo también bordea la cola. Son penúltimos en efectividad (4.98) y WHIP (1.54), un pitcheo que ha otorgado 33 boletos en 65 entradas y hasta la defensa ha falseado con siete errores en el tramo.

Richelson Peña, el líder en victorias del equipo con cuatro, ha perdido la confianza de las gradas. En dos aperturas realizadas este mes solo ha completado 2 2/3 de entradas y ha sido castigado con nueve hits, nueve carreras y dos boletos con un estratosférico promedio de carreras limpias (30.38) y WHIP (4.12).

Este desastre ha dado vida a unas Estrellas que merodean como un púgil que busca noquear en el penúltimo round a un rival al que ya le tiemblan las piernas.

La única ocasión en que las Águilas quedaron fuera en torneos seguido ocurrió en las ediciones 2009-2010 y 2010-2011, el primero de ellos a pesar de jugar para 25-25.

¿Cómo se define?

El desplome aguilucho y el disparo a las nubes de los taurinos (7-0) no son los únicos comportamientos anormales este mes. El Licey juega para 5-2.

Pero la mayor amenaza amarilla la representan los Orientales, el mismo equipo dado por muerto a medianos de noviembre y con Manny Acta en la gerencia para aportar más morbo al final de la campaña.

Fuente: Diario Libre

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