Opinión

El Gobierno: entre el sacrificio y la resiliencia

Por: José Miguel Gómez

Me he vuelto obsesivo en hablar de la patología social dominicana; los comportamientos y conductas sociales repetidos en diferentes épocas, desde siglo XIX y XXI, sin dar resultados de avances notorios en el pensamiento, hábitos, costumbres o mañas que nos atrapan y terminamos haciendo lo mismo.

En aquella pandemia político-social de caudillismo y montoneras, de corrupción y el “dejar hacer y el dejar pasar” para gobernar o mantenerse en el poder. Se juramentaba en 1876 Ulises Francisco Espaillat; doce días antes decía: “vamos a tratar de probar que se puede ser tolerante sin ser débil; que se puede ser fuerte sin ser déspota; que se puede establecer el orden en la asociación sin incurrir en la arbitrariedad, que se puede matar el vicio sin ser cruel, que la ley es más fuerte que todos los tiranos”.

En medio de la crisis, Espaillat asumió el sacrificio: donaba su salario de presidente, procuró sanear las finanzas públicas con riguroso plan de austeridad en el gasto, prohibió prebendas y gastos, rebajó los sueldos y trató de moralizar la Justicia; pero sobre todo respetar y hacer funcionar la ley. Pero cada sector pedía lo suyo, cada quien esperaba su protección y que no le impidieran su “dejar hacer y dejar pasar”.

Espaillat iba sufriendo en la piel la indiferencia de los cercanos y de los lejanos, o sea, de los liberales y los conservadores.

Ahora le ha tocado gobernar a Luis Abinader, entre una pandemia, una crisis sanitaria y el impacto de un déficit económico que es insostenible en el tiempo. El diagnóstico no es bueno: déficit, aumento de la deuda, pocas recaudaciones, parálisis del consumo, desempleo, hambruna, desesperanza, miedo e inflación; con el agravante de política tributaria pendiente que ha sido pospuesta por décadas.

Luis Abinader ha donado su salario, ha recibido dinero de tributo por adelantado por 108 millones de dólares de la Barrick Gold, 20,000 millones de las entidades financieras, 500 millones de dólares prestados; 2,000 millones de dólares puestos a su disposición en Estados Unidos para las mipyme y otras inversiones que activen la economía.

Pero al igual que Espaillat, no encuentra sacrificio ni en los partidos, ni los senadores y diputados con el “barrilito” y “cofrecito”, ni de sus propios funcionarios que no quieren bajarse el sueldo, ni limitarse en el control de prebendas y dispendios. Por otro lado, una ciudadanía que desea que la dejen libre en las calles, pero que le mantengan fase I y II, quédate en casa, bien por ti, salud y educación, que aumente los salarios, que persiga la corrupción, pero sin nadie sacrificarse, ni aportar nada.

Los de arriba no quieren impuestos, los del medio van en picada, los de abajo y muy de abajo padecen la agonía de un sistema sanitario desmembrado y endeudado. Aun así, la gente pide a “Luis Abinader que resuelva”.

En la misma patología de siempre, sin sacrificio no se sale de la crisis, sin aprender a perder algo, a ceder, compartir, ser solidario y altruista no vamos a salir de una crisis económica peligrosa y recurrente.

Hay que bajar los sueldos altos a los funcionarios, a los viceministros, comer en sus casas, controlar los gastos, cero tarjetas de presentación. Los partidos por los dos años, sin campañas políticas deben sacrificar el 40%, los senadores y diputados entregar los privilegios. Todos debemos de sacrificar algo; todos debemos aportar a un país para que vuelva a dinamizar su economía. Por más que nos presten y nos den facilidades hay que pagar y algo hay que entregar a los organismos deudores.

Son tiempos de un Gobierno resiliente que afronte las adversidades, que acepte la crisis, pero que imponga el sacrificio y trabaje con prioridades, para salir fortalecido y airoso para el bien de la sociedad dominicana.

Son tiempos de detalles, de lo emergente, de lo necesario, de lo vivido en S.O.S; pero cuidado con la patología social dominicana, terminar respondiendo de la misma manera y con los mismos formatos. El sacrificio debe ser a lo interno, de todos los sectores, de todas las instituciones, debido a que la crisis es por mucho tiempo y nos encontramos con 57.2 del PIB en deuda. Un país resiliente se protege, se cuida y adopta un sacrificio en el presente para cuidar su futuro.

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