Opinión

El engaño y la mentira en nuestra sociedad

Por: Elèxido Paula

El valor de la verdad está hoy en profunda crisis. La mentira y la falsedad se hayan enquistadas en las más importantes estructuras de poder. La verdad es una de las actitudes éticas de más amplia aceptación y desarrollo en la conciencia de los cristianos. Mentira, falsedad, embuste, engaño, patraña, hipocresía, demagogia, doblez… son términos que expresan un grave problema latente en nuestra sociedad: la falta de veracidad.

Muchas veces las mentiras responden a nuestro deseo de aparecer ante los demás mejor de lo que realmente somos, al deseo oculto de mejorar nuestra imagen, de sobresalir, de progresar, de triunfar. La falta de veracidad personal, actualmente, se ha enquistado en nuestras estructuras de poder, en los partidos políticos, en los sistemas económicos y comerciales, en los medios de comunicación y en la publicidad.

El evangelio de Mateo en el capítulo 23, versículos 1-36 Jesús rechaza con autoridad y dureza el engaño, la hipocresía, la mentira que envuelven la vida de los fariseos y los escribas “¡ay de ustedes, maestros de la ley, fariseos, hipócritas, que cierran la puerta del reino de Dios para que otros no entren. Y ni ustedes mismo entran, no dejan entrar a los que quieren hacerlo!;” “ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas, que limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de lo que han conseguido por medio del robo y la avaricia”.

Para Jesús, la mentira viene a ser sinónimo de maldad. La mentira para Jesús se anida en el corazón, antes de engañar y de mentir a los demás, existe en el hombre un mentirse o engañarse a sí mismo. Para salvaguardar los derechos que tiene la verdad, lo primero que se necesita es la libertad de expresión. La manipulación de la información, descarada o solapada constituye un atentado al derecho que todos tienen a la verdad y, por eso mismo, un grave atentado a la dignidad de las personas. Manipulan la información, en primer lugar, las autoridades que imponen una censura previa, amordazando la legitima expresión de opiniones.

La sociedad postmoderna está marcada por el signo del individualismo y las nuevas formas de evasión. El sentido utilitarista y mercantilista de la economía y de la vida misma han marginado y anulado la dimensión ética y humana de la vida. Los grandes ideales aparecen supeditados a los grandes intereses.

La mentira toma carta de ciudadanía en las campañas electorales; promesa y más promesas que, ya se sabe nunca se han de llegar a cumplir. En la publicidad se ha instalado la mentira de un modo cuasi oficial. Se sabe que miente, pero se aceptan alegremente sus mentiras. La propagación de la información falsa a través de los medios de comunicación social está perturbando particularmente la mente y el corazón de muchos jóvenes. Después del derecho a la vida, el más importante es el derecho a una información verdadera.

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