El científico que resucitaba perros y no le dejaron hacerlo con humanos

El científico que resucitaba perros y no le dejaron hacerlo con humanos

/ Reportajes / Lunes, 03 Julio 2017 00:00

El científico Robert Cornish logró cierto reconocimiento por una propuesta que dejó impactado al mundo, se declaraba capaz de revivir cadáveres y ofrecía la posibilidad de demostrarlo en una prueba con algún recluso al que se le hubiese aplicada la pena capital.

Cornish era un gran investigador y esa última prueba solo era la culminación de una larga investigación que llevaba tiempo practicando.

El joven nacido en 1903, comenzó a tener interés por la reanimación de cuerpos sin vida con la preocupación por la gran cantidad de soldados muertos en la Primera Guerra Mundial.
Sus experimentos comenzaron al tratar de revivir animales muertos. Él mismo sacrificaba a los perros con los que iba a experimentar.
Primero hacía bombear la sangre usando el “teeterboard” que era una clase de balanza en la que se colocaba el cuerpo y la inclinación facilitaba que fluyera por las venas y arterias. Luego inyectaba una solución que combinaba suero salino, oxígeno, adrenalina, eparina, fibrina y sangre. Al mismo tiempo, insuflaba oxígeno por un tubo de goma introducido en la garganta del animal.
Luego de muchos meses sin resultados, llegó a la conclusión de que el tiempo que transcurría desde la muerte hasta comienzo de la reanimación era excesivo y debía reducirlo. Entonces adquirió cinco “fox terriers” que serían los representantes de su trabajo, bautizzados con el mismo nombre “Lazarus” (Lázaro, haciendo referencia al personaje de la biblia que Cristo resucita).
En la prensa de la época del 22 de mayo de 1934 se reseñó que Cornish logró revivir a los tres primeros perros que llevaban cinco minutos muertos luego de fallecer asfixiados con nitrógeno, aunque volvieron a fallecer enseguida. Pero con el perro Lazarus IV, fue diferente. Un artículo de New York Times, narró como el perro volvió a la vida, aunque en un estado muy delicado, ciego y tembloroso, con muy poca capacidad de movimiento. Logró sobrevivir así varios días. Al siguiente año repitió con éxito la hazaña con Lazarus V, que sobrevivió más tiempo, a pesar de los graves daños cerebrales que le ocasionaron un estado semiinconsciente.

El diario reseñó que la evolución de los perros fue buena,mejorando físicamente a los largo de más de dos semanas, ignorándose qué pasó luego con ellos.
Al saber el trato dado a los perros llevó al Instituto de Biología Experimental de la Universidad, donde Cornish trabajaba, a prohibirle continuar en sus instalaciones. Aunque igual siguió trabajando desde su casa pero utilizando cerdos, para evitar la mala imagen que podía ocasionar el sacrificio de perros. Y además eran más parecidos a los humanos, ya que el siguiente paso era traspasar la técnica al Hombre.

Cornish consiguió a un voluntario, Thomas McMonigle un reo condenado a muerte se ofreció para el experimento ya que luego de la muerte no tenía nada que perder. Aunque, la idea de que los abogados tuviesen que liberarlo en caso de que la reanimación resultara con éxito logró que el estado de California denegara el permiso y McMonigle murió en la cámara de gas en 1948.
Aunque hay pocas referencias sobre lo que pasó después, parece que Cornish insistió en la investigación pero sólo al margen de la comunidad científica, que comenzaba a verlo como interesante.

Algunas técnicas actuales como la animación suspendida (suspensión o ralentización de los procesos vitales con fines médicos, como la realización de operaciones a corazón abierto), tienen sus orígenes en este tipo de proyectos.

Cornish murió a los sesenta años, el 6 de marzo de 1963.

Fuente: Culturizando

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