Las mil caras de la muerte en República Dominicana

Las mil caras de la muerte en República Dominicana

/ Reportajes / Jueves, 02 Noviembre 2017 18:22

Una salsa con sonido estridente y decenas de vehículos acompañaban el lento desplazamiento del carro fúnebre que se dirigía al Cementerio Cristo Redentor a dar el último adiós a una víctima del cáncer.

“Si esto fue un juego, debiste por lo menos regalarme un corazón de acero...”, cantaba a todo pulmón y entre gritos una de las nietas del fallecido. Las lágrimas y el enrojecimiento de su cara acompañaban un “¡Papi por qué te fuiste!”.

En los últimos años sepultar una persona en medio de la música que solía escuchar se ha convertido en una práctica común en República Dominicana en los sectores de escasos recursos económicos.

Si el fenecido es un artista, le colocan las canciones de su autoría, como ocurrió en 2014 con la defunción del cantante urbano Leonardo Michael Flores Ozuna, conocido como Monkey Black.

El autor de “El sol y la playa”, nacido en Los Mina, un barrio de Santo Domingo, fue agredido con un arma blanca en Barcelona, España, donde vivió sus últimos cuatro años. Su cadáver, trasladado al territorio nacional. Recibió sepultura en medio de tragos, bailes de sus seguidores y los raps, hip hop y dembow que interpretaba.
“Es un ritual de los barrios marginados que buscan celebrar la muerte de una manera diferente para llamar la atención y obtener reconocimiento y validación social. Persiguen establecer la diferencia, aunque de una manera inadecuada que se aparta de los valores y la cultura que tiene el país sobre la simbolización de la muerte”, explica el psiquiatra José Miguel Gómez.

En estos lugares los dolientes suelen velar a sus muertos en la casa y amanecer junto a familiares y amigos conversando y orando. El cuerpo sin vida es colocado en el ataúd en la sala del que fue su hogar, una mesa en frente con su foto en vida y velones encendidos. Además de coronas de flores con mensajes de sus allegados.

Es común colocar lonas, carpas y sillas para los visitantes que acuden a dar el pésame a la familia, así como repartir comida para aquellos que se quedan todo el día. Un ritual que puede llegar a costar unos RD$11,000 si los parientes no cuentan con un seguro funerario.

“La muerte de papi, en agosto pasado, nos encontró pagando un seguro, por lo que gastamos menos. Yo pagaba RD$1,700 anual por cinco personas y eso me incluyó la caja de muerto, carro fúnebre, dos coronas de flores -una grande y otra pequeña-, parte de las sillas, las cortinas, lona, café, termo, hielo y casi todo lo que necesitaba”, expresó una residente en Bayona, Santo Domingo Oeste.

Llevaba pagando este plan cuatro años, equivalentes a RD$6,800.00-. Adicional, dijo debió comprar la comida en lo que invirtió unos RD$3,000.00.
De la casa a la funeraria

Hasta 1931 el velorio en las casas era el método usado por ricos y pobres en República Dominicana para pasar el último momento con su ser querido antes de darle sepultura. En ese año, Atilano V. Blandino fundó la empresa A. V. Blandino como una compañía funeraria que se ocupaba de trasladar todo lo necesario a las casas de las familias para los velatorios.

En 1959, abrió la primera capilla funeraria en territorio dominicano que vino a usarse en 1961 con la muerte de cuatro ingenieros alemanes que realizaban trabajos en el país y que perecieron en un accidente, momento que dio inicio a una nueva etapa en el quehacer funerario dominicano, pues poco a poco en la ciudad de Santo Domingo se fue cambiando la costumbre y a partir de esa fecha empezaron a realizarse los velatorios en salones funerarios; pero no fue tan sencillo.
“La primera capilla funeraria del país funcionó en la calle 30 de Marzo, se llamaba Capilla La Humanitaria y duró tres años sin utilizarse porque nadie entendía que podía llevar a un ser querido a una funeraria porque sentían que la tradición era tan fuerte como el choque emocional”, argumentó Fernando Arredondo, presidente del Grupo Blandino.

En 86 años de historia funeraria en República Dominicana también han cambiado los servicios: música, esquelas, franqueadores, recordatorios, arreglos florales, repatriación y exhumación son algunos de ellos. En 2005 se agregó la posibilidad de cremar a sus muertos, sin embargo, aún son pocas las personas que utilizan este método.

“Parte de las cosas que fueron cambiando es que llevábamos el ataúd en un coche «en un carruaje» y teníamos nuestro caballo y nuestro carruaje que más adelante se cambió por una camioneta Chevrolet que se tuvo hasta el año 2000 para cambiar a lo que conocemos hoy en día como un carro fúnebre”, precisó Arredondo.

A la fecha, en el interior de la isla hay personas que usan trasladar el féretro con el cadáver de sus seres queridos en ambulancias y caballos.
El servicio funerario mayormente utilizado por la clase media y alta del país tiene un costo mínimo de RD$19,700.00 hasta RD$250,000, según explicó Arredondo. Un rastreo por varias funerarias privadas indica que puede llegar a costar hasta RD$460,845. En algunos lugares donde se incluye el nicho el precio puede ascender a un millón: RD$681,262 por un espacio apto para dos personas, que puede alcanzar los RD$885,641 si se adquiere de manera inesperada.

Con los años también fueron surgiendo las funerarias municipales hechas por el Estado para ayudar en la parte económica a los ciudadanos de escasos recursos.

“De cementerios, varones y tumbas”, título que hace honor al libro del escritor Franklin Gutiérrez sobre la cultura de la muerte en República Dominicana, destaca que antes de existir los cementerios conocidos hoy, los difuntos de nivel social y político elevado eran sepultados en el interior de las iglesias en el país. Al resto de la población le tocaba fosas comunes o patios de templos religiosos.

Las áreas próximas al altar estaban reservadas para los contribuyentes económicos de los templos y para personalidades distinguidas de la nación, debido a la creencia de que, cuanto más cerca del púlpito estaba el difunto, más fácilmente podía contactar a Dios.
El patio sur de la Catedral Santa María La Menor se consagraría como el primer cementerio de la nueva ciudad de Santo Domingo. Sin embargo, no todos los ciudadanos eran sepultados en iglesias, las autoridades eclesiásticas se oponían al enterramiento en sus templos de esclavos nativos de la Isla, de negros introducidos al Nuevo Mundo por los conquistadores y de profesantes de otra religión distinta a la católica.

El libro especifica que los difuntos de esos sectores de la población y los fallecidos a causa de epidemias y pestes propias de los siglos XVIII y XIX, tales como tuberculosis, malaria, fiebre amarilla y sífilis, eran depositados en fosas comunes excavadas en los patios de las iglesias o de las casas de los fallecidos.

En 1787, un año antes de su fallecimiento, el Rey de España Carlos III prohibió el enterramiento de cadáveres en los templos católicos, según cuenta la historia por la insuficiencia de espacio, y segundo, por prevención sanitaria.

El primer cementerio oficial dominicano es el de la avenida Independencia, inaugurado el 29 de agosto de 1824, inicialmente ubicado fuera de la amurallada ciudad de Santo Domingo que hoy cuenta con unos 17 cementerios municipales, 13 sin espacio.
Este cementerio, de la avenida Independencia, es el de más variedad arquitectónica y riqueza cultural. A través de él se puede comparar cómo ha variado la forma de sepultar a los muertos en República Dominicana.

“Las lápidas te muestran ese cambio. Dicen a mi niñito o mi marido querido, a los muertos de esa tragedia, etc., y ese rito funerario ha prácticamente desaparecido en el país, ya las lápidas no expresan ningún sentimiento, ni tristeza ni dolor, ponen el nombre, año en que nació y murió más nada, expresar el dolor no era una vergüenza”, manifestó la investigadora del tema Amparo Chantada.
La mayoría de las tumbas de este cementerio tienen composiciones de mármol o granito que llegaban al país de Europa; usaban figuras religiosas para adornarlas.

“Se gastaba un dineral para que la tumba fuera la representación del estatus social de la familia, ahora, las tumbas exhiben menos lujos”, sostiene Chantada.

En la actualidad, aunque es una vieja práctica, se suele recordar el barón del cementerio, que es el primer muerto en ser enterrado en un camposanto. El Día de los Fieles Difuntos, 2 de noviembre en el país, los creyentes en él, le llevan ofrendas como comida, velones y tabacos para agradarlo.
La muerte y el Internet

Con la llegada y evolución de la tecnología también ha cambiado en el país la forma en que algunos anuncian la muerte de un ser querido. Y es que las tradicionales llamadas telefónicas están siendo reemplazadas por mensajes públicos en redes sociales, algunos solo con contenido informativo y otros acompañados de muestras de tristeza.

“Eso se está planteando en psiquiatría social como el elemento de la visibilidad, es decir, las redes sociales le han dado visibilidad a los sectores que no lo tienen, entonces, es una forma de llamar la atención, por eso hay personas que suben cualquier cosa sin valorar, incluyendo fotos de un ser querido ya fallecido”, destacó el referido especialista de la conducta humana.

La muerte en República Dominicana se ha convertido en una fauna urbana, donde no se diferencia entre la celebración y el dolor. A juicio de Chantada, en sentido general, se está tomando como una oportunidad para “figurear”, lo cual indica que la sociedad dominicana está cambiando.

Fuente: Diario LIbre

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